Pringadillos al rescate
Sábado por la mañana, aun es pronto, ni siquiera las 10, suena el timbre y en la puerta la propietaria del edificio y un señor con un taladro en la mano. En 10 minutos habían cambiado nuestro antiguo telepuerta por uno nuevo con vídeo. Atención que el timbre esta en la puerta, A MENOS DE 5 metros. Aun asi ahora si alguien llama lo veremos sin tener que abrir ni mirar por la mirilla, simplemente desde el salón.
Y como ya estábamos despiertos, lavadora y para el IKEA. Un consejo, cuando pongáis vuestras toallas en la lavadora pensar a ducharos antes, es difícil secarse con una toalla recién sacada de ella.
Llegar a IKEA desde nuestra casa es cuestión de 3 paradas de metro y menos de veinte minutos. Un plis vamos. Fue a la vuelta y cargados de paquetes cuando la cosa se complico una pokita…
Una vez allí nos dimos cuenta que el fenómeno IKEA no es tan solo algo de nuestro pais. Estaba HASTA LA BANDERA, aun así conseguimos comprar todo lo que queríamos, hasta un sillón, si, si, aquel sillón azul tan bonito en el que alguno de vosotros durmió en burdeos, pues el mismo, exactamente el mismo pero en japones.
¿que como se lleva uno un sillón en el metro desde IKEA a casa? pues fácil, lo tienen todo pensado y te venden carritos, como los de las maletas, para que puedas cargarte cual burro y volver a casa. ¡Increíble! Lamentamos que esta vez las hormiguitas no pudieran martillear con nosotros, pero al recordar lo bien que nos salio esta vez nos resulto mucho, mucho mas fácil. Para empezar teníamos un martillo… del Ikea, por supuesto.

Uhi, casi, casi me olvido que tuvimos un pequeño problema de vuelta, los trenes, los trenes nos darán más de una sorpresa este año y mejor empezar pronto. Al volver cogimos el que no tocaba y nos encontramos perdiditos afortunadamente arreglamos la perdida con un solo cambio de tren que nos dejo en casita, total 10 minutos perdidos, lo bueno de la experiencia es que había dos japoneses perdidos con nosotros. JA JE JI JO JU, somos “gaijines”, pero no somos los únicos que se pierden…
Después de esa tremenda experiencia decidimos darnos por el lado cultural e ir al cine, si, si, AL CINE. Antes claro teníamos que cenar, resto japo, ni pirri habla ingles y después de vernos dar 1500 millones de vueltas a la carta del menu sin atrevernos a pedir nada (toda ella estaba en japones y no había ni fotos) un amable camarero se nos acerco y nos dio un menú con fotos, OLE!!
Pues así cenamos, pidiendo sushi que Nerea conseguía leer en hiragana y señalando la foto cuando no teníamos ni idea de que era eso que ponía ahí. El camarero nunca andaba muy lejos, por si había una urgencia…
Y corriendo pal cine que cierran. Sesión a las once, eso nos decíamos, llegamos y nadie comprando entradas, las taquillas que pone cerrado, pero nos las abren amablemente. Nos sueltan un discurso de la vida cuando pedimos la entrada, pero nosotros somos valientes y decimos a todo que si, nos dan a elegir zona de asientos, pagamos (1200 yenes por cabeza) y nos dirigimos a perder una hora esperando a las once, pero… Oh sorpresa… ¡¡Nunca nunca de la vida digáis que SI a algo si no habláis el idioma!!!
En la entrada pone, 21, no entendemos bien japones, pero 21, son 21 en todos lados…
¿no era a las 23? ¡A por ellos! Mas mal que bien conseguimos explicar que nosotros no queremos una entrada para una película que lleva una hora empezada, que si no hay nada después, ¡NOP! lo de las 23 era la HORA DE SALIDA, malditos gaijines estúpidos… Estas cosas jamas pasarían en el Macario! Lo siento, si no sois del Puerto no lo entenderéis.
Pues sin cine, eah, pa casa.
Vaya, un bar de camino para casa, oscurito, buena música, no mucha gente, y nosotros habíamos conseguido ahorrar el dinero del cine… Pa dentro, a beber, nos lo merecemos, ahoguemos las penas de los malentendidos en alcohol.
Una birra, un ron cola, otra birra y ron cola, una tercera ronda y de repente… La chica sentada al lado nuestro en el bar HABLA ESPAÑOL, si, si, ESPAÑOL. No se si fue el efecto de las birras, de la hora, de la sorpresa, pero nos fuimos a casa después de reírnos un rato con alguien que seguro volveremos a ver por el barrio. Aprovecho desde aquí para agradecer a Frank (el dice que se llama así pero tiene una cara de japones que te cagas) el barman, su conversación en ingles, el mechero, el servicio de traducción y la galleta de chocolate que nos regaló antes de irnos. Pero sobretodo su simpatía.
Un sábado REPLETITO de cosas…
Hoy domingo, dia de mierda, ¿recordáis lo de la toalla la ducha? ¿verdad? Pues ni se os ocurra poner una lavadora con TODOS vuestros pantalones y luego pensar en salir de casa. Mucho menos si ademas el día es de esos de llover y llover y lo único seco que te queda para ponerte en las piernecitas son los pantalones del traje… Lo dicho, día de mierda…
Esta mañana a eso de las siete… el Guille ha pegao un meneo a la cama…no, los del portero automático están otra vez aki… no, es el fin del mundo pero los datos de la destrucción de la tierra estaban en alfa centauri y no nos habíamos enterado… tampoco. Un terremoto local, de esos entrañables. Después de comprobar que el water seguía en su sitio y que la estantería no se había caído, no nos costó nada volver a dormir.
Lo de los pantalones de Guille… menos mal que tenia yo unos de esos de dejar colgar la serpiente… (hay fotos para los que sepan esperar)
