El embajador no tiene quien lo cuide

Publicado el Lunes, octubre 19, 2009 en cosas que no hacer en japon,haciendo amigos por lorco

El pasado miércoles nos descubrimos en la embajada española disfrutando de un almuerzo informal en sus jardines. La verdad es que empieza a correrse el rumor…

Desde que el año pasado el rey vino a verNos nuestro teléfono no para de sonar, más y más gente nos ruega asistir a sus “guateques” y evidentemente debemos declinar cientos de invitaciones.

Esta vez nos daba pena, el pobre embajador llevaba dos semanas recordándonos que el día del Pilar iba a ser movido a un miércoles y que iba a dar una pequeña recepción a un circulo reducido de residente en Tokyo. Después de pedirnos sugerencias sobre el menú y la carta de vinos nos rogó que asistiéramos, que el ágape no seria lo mismo sin nuestra presencia.
Siendo buena gente, como somos, y viendo que el pobre ponía toda la voluntad que podía le dijimos que solo iríamos si dejaba de llamarnos dos veces al día para aconsejarle sobre la organización del mismo.

Hemos de decir que el evento fue correcto. En la entrada se filtraba a los invitados conduciendo a aquellos indeseables de chaquetas, corbatas y pantalones de pinzas hacia la zona publica y a nuestro selecto grupo de vaqueros y camisetas hacia la zona reservada.
El embajador tuvo el detalle de darles el mismo menú a ese grupo de alicaídos estirados, un detalle humanizante, pobres, seguro que no lo apreciaron en su medida.

Un par de montaditos calientes, varios fiambres de las distintas regiones que se dignaron a subvencionar tan magno evento y caldos de las mismas. Correcto, correctito.
Uno de los errores, era su primera vez, perdonemoslo, fue servir champagne francés en lugar de cava o sidra como hubiera sido de rigor. A la noche nos confirmo telefónicamente que fue porque las regiones productoras de dichos brebajes no querían contribuir por no haber sido invitadas a la zona donde nosotros fuimos. Desagradecidos, debieran ser excluidos de futuras efemérides para escarnio de ingratos.

Para amenizar tan alto evento el embajador dispuso un par de cuadros flamencos y una banda. Que muestra de humildad, acercándose al populacho demostrando conocer sus gustos y costumbres, un acierto. Aunque al final tal algarabía resulto algo pesada. La aceptación del vulgo bien vale una pequeña molestia como esa.

Al final le agradecimos su invitación antes de abandonar el lugar y le recordamos que para la próxima vez debe limitar AUN MAS el numero de asistentes porque resulta lamentable ver a todos esos estirados haciendo cola para conseguir llevar a sus bocas un triste trozo de jamón. Afortunadamente al llegar al evento, como marcan las buenas costumbres, media hora antes de su conclusión dispusimos de fácil acceso a todos las viandas sin necesidad de realizar tales actos denigrantes.

En un remoto pasado

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