El día en que un señor me pidió que le pegara
Ayer fui a mi primera clase de kendo y no me pegaron. Pero empecemos por el principio que luego os liáis y me preguntáis si lo hice en la piscina.
Sobre las seis de la tarde, Jamonera mediante, llegaba yo al centro deportivo con un shinai de esos en la mano. En en ascensor hasta el quinto piso, donde se imparte la clase, un señor mayor con sombrero montó a la vez que yo. Al mismo piso, eso solo puede significar que venía a clase de Kendo.
Al salir del ascensor lo reconocí como uno de los profesores, ninguno menor de sesenta, de la clase del martes. Eah, a sonreír. Yo concentrado en sonreír todo el tiempo a todo aquel que se dignara a mirarme
(es mi manera de decir, no te entiendo pero al menos parezco amigable, ¿verdad?)
Al llegar me piden que me siente y después de tener sentado un rato en seiza uno de los profesores me dijo que eso dolía, que me sentara de manera más cómoda, ¡¡OLE!! y yo sonríe que te sonríe.
Ellos se estuvieron dando golpetazos en las cabezas una hora y media y yo allí sentado, esperando, sonriendo. Cuando la gente empezó a irse y yo a pensar que tanto sonreír solo me había valido para que me doliera la comisura de la boca un señor dentro de una armadura me dijo, ven, ven…
Y yo pensando, este que me quiere pegar y yo no llevo armadura ni na…
Nada, anda tu sonríe que lo mismo te pega más flojo por aquello de tener una cara amigable.
Me pone en mitad del dojo, me explica como coger el/la shinai y me pide que le pegue…
Yo, sonriendo, le pregunto si de verdad quiere que le pegue, mire que como luego me lo devuelva nos vamos a llevar mal desde el principio. Nada, nada, el insiste, pégame, en la cabeza.
Eah, pos a sonreír y a pegarle. Media hora que estuve pegandole al pobre señor que no me había hecho nada. El me corregía postura y movimiento de pies, insistía en que aquello era como un baile, desconociendo el pobre mi hipocondría-intercostal, y en que debía llevar los pies paralelos siempre. Nunca mostrar el talón de Aquiles me decía. Como si yo supiera donde esta en mio una vez que empiezo a “bailar”…
Al terminal el señor de la armadura se descubrió y resulto ser el ancianito del ascensor. Menos mal que le deje pasar primero y le sonreí, sino me mata a palos.
Resultado de la primera clase:
-Tengo que aprender a bailar kendo y a saber donde esta mi talón de Aquiles ese.
-Hable con cuatro personas, les sonreí a mas de cuarenta.
-La semana que viene… Vaya, pues no entendí al sensei cuando me lo dijo al irse, pero me da que me va a pegar
En un remoto pasado
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