Invernadero en mitad de la ciudad
Si es que va a tener razón mi madre cuando me decía que las verduras aquí están muy caras. Alrededor de nuestra casa hay un montón de “terrenitos/parcelas” que no tienen nada construido, en su lugar un huerto ocupa toda la extensión del mismo y los tomates, melones, rábanos y demás se pelean allí con la contaminación, metro, progreso y demás para ir creciendo.
En este caso este huerto tenia hasta invernaderos, por un momento me sentí como en casa, bajando la cuesta para ir a Águilas y viendo el sol pegar en los invernaderos y los tomates esperando para que los manden a Alemania.
Me bastó levantar la cabeza para ver que alrededor no estaban las ramblas de Águilas y el mar no estaba al fondo, tan solo la linea del metro y edificios rodeaban a estos y claro, no eran miles de invernaderos sino tres o cuatro.
Pero los tomates crecían rojos y apetitosos, eso si, a una prudente distancia de la mano, ni estirando el brazo podía llegar a ellos.
Y al dar la vuelta a los invernaderos me encontré con el feliz propietario de los mismos que salía cargado de rábanos y coles. Así también como yo verdura, fresca, fresca
Supongo que debe ser porque vivimos en las afueras y por eso podemos encontrar huertos entre los edificios, pero aun me sigue sorprendiendo. De donde yo vengo si una casa tiene un huerto es porque esta en el campo, tiene acequias cerca y normalmente un perro, o dos, enano que viene a ladrar cuando te acercas. Aquí, ni hay perro enano, al menos no dentro de los huertos, ni acequias, ni se ve más tierra que la que tiene el huerto, el resto, alquitrán y cemento…
¿Será por los precios de las verduras? ¿será que, como dicen los franceses, los japoneses tienen “la mano verde” y necesitan tener un huerto/jardín?
En un remoto pasado
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