Un cubo de mocos con patas
Es en pocas palabras en el estado en que me encuentro desde el lunes. Ni fiebre, ni dolores de nada, tan solo un surtidor de mocos en constante flujo. Ideal cuando uno quiere hacer cosas. Lo que sea, da igual, tu te propones hacer algo y tus mocos ya se encargan de hacerlo entretenido.
Que quieres sacar las llaves del bolsillo, no hay problema, una mano al bolsillo, otra sujetando el caso y HOP, tus mocos que te ven con la guardia baja y eligen atacarte dejándose caer. Eah, a cambiar de objetivo, pasando de las llaves, a ver donde estaban esos pañuelos…
Que paras a echar gasolina, sonríes, que si deposito lleno, que si pago en efectivo, que si perdone que se me caen los mocos y no quiero dejarle esto pringao…
No se os ocurra nunca ir a comer ramen con una congestión de estas, terminaríais comiendo cosas escatologicas que mi madre me prohibió mentar, y con los mocos colgando…
Lo divertido del asunto es que el orificio elegido para ser el “congestionado” va cambiando a lo lardo del día, probándome así que es posible respirar por uno solo de ellos de forma aleatoria.
Seguro que algún día sera útil, quien sabe, lo mismo haciendo el buzo se me congestiona un orificio y tengo que igualar la presión usando solo el otro. O si me toca meterme un cacharro por la nariz con el de Desafío Total mi nariz ya estará mas que acostumbrada.
Eso si, mis mocos me han respetado durante tres momentos esta semana, la clase de japones, la clase de Kendo y la piscina, tan solo me queda esperar que me respeten en kendo hoy también.
Poco a poco he ido convirtiéndome en un “señor” calvo de nariz roja y voz congestionada. Si no fuera porque aun no tengo el pelo, poco, blanco seria el retrato perfecto de un Papa Noel borracho, pero sin los efectos del alcohol. A ver si termina pronto que a este ritmo terminare yo solo con el amazonas a base de pañuelos desechables, también llamados Kleenex.
En un remoto pasado
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